14 de julio de 2010

Sobre La Adopción y La Homosexualidad por Ósmosis.

“Si ponés a chico en una familia de polacos, el chico termina hablando en polaco.”

Esta frase reveladora pertenece a Víctor Sueiro, y hace referencia a la adopción por parte de una pareja homosexual de un menor. Para Sueiro, si un niño era adoptado por un homosexual, irremediablemente terminaría siendo homosexual. Esta idea torpe y rudimentaria, cualquier persona con dos neuronas en funcionamiento normal, la rebatiría con un sólo hecho incuestionable: Los homosexuales nacen de relaciones heterosexuales. El hecho de que mi padre y mi madre son heterosexuales, junto con la convivencia en una familia heterosexual no alcanzó para que yo lo fuera.
Vale decir: No hablo en polaco.

Víctor Sueiro fue un ex muerto profesional que, luego de un fallido paso al más allá, se pasó el resto de su vida vendiéndoles a los tontos la historia feliz de la “luz al fondo del túnel”. Por suerte, el imbécil de Sueiro, pasó de ser un ex muerto profesional a ser sólo un muerto “a secas”. Podemos estar tranquilos: Ya que no resucitará otra vez para pavonear su homofobia post mortem.

Si bien Víctor Suiero ya no jode más con sus historias de polacos, hay aún muchas personas que creen que si un niño es criado y educado por homosexuales, automáticamente se transformará en gay. En el ambiente científico a eso se le llama “ambientalismo”, en oposición al “genetismo” que considera que la homosexualidad es una cuestión genética, sin relación al entorno de la persona.

Hace muchos años hubo un científico que estaba totalmente convencido de que el género de una persona era tan incierto al nacer que, con un simple cambio en la práctica de su aprendizaje, junto con una sencilla operación quirúrgica, un varón podía convertirse en una mujer, mientras su hermano gemelo se desarrollaba en su cuerpo de varón. Esta teoría no es muy diferente a hecho de pensar que si un niño es educado por homosexuales, terminaría teniendo las tendencias sexuales de sus educadores. El Joseph Menguele del “ambientalismo” se llamó John Money (un profesor de la Universidad Johns Hopkins de Baltimore, Estados Unidos) y, lamentablemente, tuvo sus quince minutos de fama a costa de la desgracia de dos personas.

En 1965, el matrimonio de Janet y Ron Reimer fueron al hospital para circuncidar a sus gemelos Bruce y Brian. En Estados Unidos la circuncisión es una práctica común en los recién nacidos, y los médicos se la recomendaron para sus gemelos. Lamentablemente hubo un accidente durante circuncisión de Bruce, lo que le produjo necrosis en su pene el cual, posteriormente se le desprendió.
En aquella época la reconstrucción genital era una ciencia en sus albores y es ahí cuando entra en escena John Money. El matrimonio concurrió a él y Money vio, al fin, la posibilidad de poner en práctica sus teorías. ¡Ya tenía a sus conejillos de Indias ideales: Un par de gemelos! Transformaría al bebé Bruce en “Brenda.” Y ahí comenzó el calvario.

Bruce dejó de ser Bruce. Lo vistieron de mujer, operaron sus genitales, le inyectaron hormonas femeninas y lo educaron como niña. Pero Brenda, a pesar de todas esas influencias externas, no se sentía una niña. Su vida era un infierno. Era operada en sus genitales y no sabía por qué lo hacían. Tomaba estrógenos. No le atraía los niños, y sí las niñas.

El infierno de la supuesta “Brenda” llegó al tal punto que a los 15 años, luego de un lavado sistemático de cerebro, al menos un intento de suicidio, y más mutilaciones en su cuerpo para hacerle creer que era una mujer, le dijeron la verdad: Ella no era una mujer, era un hombre.

Para hacer breve la historia (la que incluye hasta abusos sexuales de parte de Money -que defendía la pedofilia- hacia Bruce/Brenda), Brenda terminó en transformarse nuevamente varón y fue David Reimer.

David se casó con una mujer divorciada y con tres hijos; pero su matrimonio fracasó. Al conocerse su historia, perdió su trabajo. Su hermano Brian (que sirvió de sujeto control en los terribles experimentos de Money) se quitó la vida con una sobredosis de los fármacos que tomaba para tratar su esquizofrenia. David, que se sentía responsable de su muerte, por lo que visitaba a diario la tumba de su hermano, se suicidó el 4 de mayo de 2004, a los 38 años de edad.

Esta historia deja en evidencia algo claro y contundente: No se puede cambiar el genero sexual de un ser humano ni aún mintiéndole desde recién nacido, ni dándole hormonas femeninas, ni aún mutilando sus genitales, porque su sexualidad no se trasmite por el entorno en que vive y se educa. David Reimer nunca pudo ser Brenda, porque nunca se sintió mujer, del mismo modo que ningún niño o niña va a tener una tendencia sexual diferente que la que siente porque sus padres (adoptivos o no) sean homosexuales. La vida mutilada de Reimer es un ejemplo.

Es lamentable que en el Senado de la Nación, en estos días tan importantes para la comunidad gay, no se haya escuchado la historia del David Reimer, el hombre a quien OBLIGARON A SER MUJER y no lo lograron.
Es lamentable ya que es un caso famoso, triste, cruel, corroborado y comprobado por la ciencia y los medios, no así la estúpida, ignorante, retrógrada teoría lingüística del imbécil de Víctor Suiero y los demás trogloditas católicos romanos que razonan igual que él lo hacía.

Moraleja:
David Reimer, nunca pudo hablar polaco y eso le llevó la vida.

El Pobre López.

1 comentarios:

Alejandro Roma dijo...

a mi me parece que a lo que sueiro le tenía más fobia en realidad era a los polacos.

Se olvido decir de la labor de Sueiro en la dictadura leyendo los partes de guerra en malvinas o su función de felpudo de Tita Merello

Saludetes y realmente no conocia este horror gracias por desaznarnos un poco.